Mi punto de vista (Ro$poblog)

-¡Este blog volverá a la gente loca! -Bueno, eso esperemos. La película sale el próximo mes.

Una redacción sobre crisis

Publicado por Rospo en 31/05/2009

De siempre me fastidió hacer redacciones o trabajos, excepto el año pasado, cuando el gran Rafael Alonso nos mataba a currar en ellas.

[Hostia, es posible que parte de la creación de mi blog tenga que ver con la libertad de redacción que nos permitió este ídolo. Nada, nada, Chuck Norris tendrá que someterse ante él]

Pues este año, el IES Breamo, un instituto que tiene clase (qué palabra más rara ahora que me fijo) y clases, vuelve a hacer el concurso de redacciones. Cómo no, intento convencerme a mí mismo de que se mandará hacer unos días antes de la fecha de entrega. El problema es cuando lo mandan con un mes de antelación, que entonces no me siento presionado y tardo en hacerlo. Ahora, esto da igual que a la hora de redactar el trabajo el tiempo dedicado es el mismo a menos que tenga media hora para hacerlo, entonces la calidad del producto se ve rebajada. Hala, dejo de dar el coñazo y meto mi redacción aquí, para así dejar constancia de ella y… por poner, principalmente, usando este blog como base de datos.
Me costó más bien poco encontrar hacia dónde iba a enfocar el término “crisis”. Es más, creo que ya lo tenía pensado semanas antes de escribirlo. Me vino a la cabeza y ya está, no le di más vueltas. Algo fácil y sin complicaciones.

Aquí arranca:

CRISIS DE POETAS

Este año,2009, mi instituto organiza de nuevo el certamen de redacciones. No es obligatorio que nos presentemos a concurso, creo, pero el seminario de Lengua Castellana considera conveniente que hagamos este trabajo. El tema de este año (tanto para hacer este texto como el presente en la sociedad española los últimos meses) es la crisis. Según las bases del concurso, tenemos libertad para escribir sobre cualquier crisis. A mí se me vienen a la cabeza numerosos significados para este sustantivo que, lamentablemente, no puedo expresar a la perfección sin un buen diccionario bajo el brazo. La crisis que yo escojo es la individual, la que sufre un sujeto por las razones que sean. En concreto, las de los escritores españoles románticos, eso claro lo tengo. Porque todo el mundo sabe que muchos tienen fama de sufridores de tiempos de depresión, ya sea personal o debido a la realidad que los envuelve. En los siguientes párrafos hablaré sobre los malos años por los que pasaron algunos de ellos, cuya vida estudié durante el transcurso de este año. Recalco que no tienen porque ser crisis acontecidas realmente, solamente me baso en lo que leí de su biografía por Internet. Empecemos, pues:

Mariano José de Larra (1809-1837): escritor y periodista, así como uno de los autores más destacados de la corriente romántica en España.

Supongo que la infancia de este autor no fue muy agradable, visto el exilio al que se somete su familia en 1813. Con tan sólo 4 años, su clan tiene que vivir fuera de España, en concreto en Burdeos y en París, hasta 1818. Claro que el tema de escapar (o ser echado) del propio país es muy común.
Su último año de vida sí que se puede considerar una depresión total. En 1834, su amante le deja de manera definitiva. En sus últimos artículos, este hecho se manifestó en el sutil pesimismo que muestra en ellos, actitud que contradecía el habitual carácter irónico de sus textos. El autor comprueba luego que ya no hay negociación posible con la mujer, cuando esta aparece en su casa para comunicárselo. Acto seguido, el poeta se suicida con un disparo en la cabeza. No aguantaba esa realidad a la que se vio enfrentado..

José Zorrilla y Moral (1817-1893): poeta y dramaturgo.

Ya en 1836, el autor de Don Juan Tenorio huye a Madrid, en contra de su padre, donde se inicia en la literatura y pasa mucha hambre. Dos años después, se casa con una viuda irlandesa, pero su matrimonio es infeliz. El hombre la abandona años después.
Lo peor estaba al llegar. En 1846, José Zorrilla ve cómo su madre le deja y cómo su padre hace lo mismo. Su padre, al que tanto había repudiado y al que lamentaba no haber llegado nunca a perdonar.
El medio século de su vida que resta lo pasa entre varias amantes, residencias por varios puntos del globo y apuros económicos. Sobre todo sufre por constantes problemas de dinero. Su fe religiosa se quiebra además en 1866, cuando un gran amigo suyo halla la muerte en su fusilamiento.
Todos ellos son acontecimientos que, sin duda, marcaron profundamente su existencia.

Llegamos, finalmente, al último autor romántico -pese a considerarse también posromántico- de este escrito y uno de los que más me gustó por sus Rimas y sus Leyendas. Tampoco es que esto diga mucho (del romanticismo poco vi), sin embargo, me encantaron sus sobrenaturales historias, tan impregnadas del espíritu de este movimiento:
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer.

Nació en 1836. De aquí a sus dieciocho años no hay mucho que contar si quiero centrarme en el tema de la redacción. A esa edad decide marchar a Madrid para empezar a escribir con el objetivo de triunfar. En cambio, el poeta sufre de depresión y se ve obligado a vivir a base de obras que escribe con amigos suyos y bajo seudónimo.
En 1857, pocos años después, se le diagnostica la tuberculosis que pondría fin a su vida en el año 1870. Ese mismo año es despedido de la Dirección de Bienes Nacionales, lo que contribuye al aumento de su pesimismo. Por suerte, con el apoyo de su patrona en la capital, de amigos y de su hermano Valeriano, pudo superar esta etapa. La amistad es de lo poco a lo que uno se puede aferrar en sus momentos tristes. “Ningún hombre es un fracaso cuando tiene amigos”, reza una de mis películas favoritas.
Más tarde, sufre de amores (no sería la primera vez) cuando una amante suya le abandona. Gustavo Adolfo vuelve a estar deprimido hasta que se casa, de forma bastante precipitada, según parece, con una mujer llamada Casta Esteban.
En el último lustro de su vida, Bécquer ve algunos de sus trabajos ninguneados y se da cuenta de la infidelidad de su esposa. Por esto huye a Toledo un tiempo. Aun así, sigue en contacto con su mujer.
Su muerte tuvo lugar en septiembre de 1870. Como últimos deseos decidió pedir, en plena agonía ya, que cuidaran de sus tres hijos, que hiciesen desaparecer las cartas a Casta y que publicaran su obra. Decía que muerto sería más conocido. No se equivocaba, no.

Hasta aquí llega mi comentario sobre “crisis”. Me da lástima no haberme podido centrar en el desarrollo del tema y no añadirle demasiada subjetividad a la redacción. La culpa es mía, por supuesto, y de mi costumbre de hacer ciertas cosas en el límite del plazo establecido y sin esforzarme al 100 %. Porque no voy a atribuír esta falta de contenido a invenciones mías, tales como, por ejemplo, una crisis de… ¿identidad? Posiblemente, pero que yo sepa no sufro ninguna a nivel individual, y la colectiva económica no me está afectando directamente. Por suerte. De momento.

Ya os podéis ir, donativos a la derecha de la salida.

Una respuesta para “Una redacción sobre crisis”

  1. Sabe escribió

    pues a mi me toca la moral que se haya muerto Mario Benedetti. Amaba a ese hombre!
    bueno, que tal todo? se que dije que me pasaría más a menudo, lo se, lo se, pero entre exámenes, polacas, trabajos, cortos y que soy un poco vaga, pues aquí estamos, que hace como 2 meses que no me paso y me perdí un montón de cosas, a ver si me haces un resumen!
    (tu no tendrás ese problema, hace meses que no escribo :) )
    a ver si tardo menos en pasar la próxima vez…
    por cierto, con el rollo Polonia y tal vi la trilogía de los colores, la viste? necesito un poco comentarla y tal!
    ala, un besaco!

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