Ya es mayo. Uno de los grandes problemas de los primeros meses del año es que pasan como relámpagos. Este mes y junio, por suerte, son más intensos. Será por exámenes. El otro día pensaba en lo poco inusual que recuerdo haber hecho lo que llevo de año, y lo mucho que recuerdo haber hecho el anterior. Todo lo memorable de esa temporada lo suelo agrupar en el segundo trimestre del año, aunque no todo sucediera en ese espacio de tiempo. Supongo que por eso lo pienso. También reparé en que al acordarme de tantas cosas del 2008, me doy cuenta de las que me dejo en el tintero de la memoria. A lo mejor no es así, puede que lo que recuerde sea lo que hice, ni más ni menos. Y que en unos meses estos de ahora se conviertan en un amasijo de anécdotas desordenadas cronológicamente. U ordenadas gracias a testimonios como esta página: uno de los motivos por los que la hice es ese, precisamente.
Por otro lado, nunca consigo saber qué pensaba otros años estando el curso apunto de agotarse. Cuando empieza uno nuevo suelo quejarme de mi estancia en Vilanova. Ahora no hago más que apreciar esos momentos y desear su vuelta. Lo lógico es que el año pasado por estas fechas opinara igual. Bueno…
…pasemos al Rafa que gusta más y dejemos a ese tío de antes. Comento rápido que no voy a aburriros repitiendo las partes correspondientes a la rutina.
El martes vi Fear Itself al levantarme y entre las clases de mañana y de tarde escribí en el blog. Al salir del instituto después no me apetecía no hacer nada en casa, puesto que estoy con mis días de pereza que tanto odio y me cuestan combatir, así que me quedé con Juli y David un rato por el pueblo. Saltándome las palabras incomprensibles que anoté en la libreta, al parecer en casa vi Derecho a Morir, de Masters of Horror. Por fin lo conseguía, después de tanto tiempo poniéndolo a bajar para borrarlo desesperadamente unos días después. Sí, soy impaciente un rato, y eso que muchas veces intento aguantar la impaciencia cuanto más tiempo mejor. De noche programé una película de los 50, que como está en mi lista de 1001, la grabé. Además, si la dejo en mi lista de descargas seguro que la borro na más obtenerla. Así, antes de ir a clase, por puro pasatiempo, veo películas de la tele. Al acostarme empecé a oír música con mi -abandonado últimamente- MP3 hasta considerar la hora buena para dormir y reducir así mi sueño. Curioso que leyendo cómics deseé dormirme y escuchando música, tirado y con la luz apagada, no. Y eso que no es que me quedara dormido mientras oía a Michael Jackson…
Estaba viendo lo que hice el miércoles y veía demasiada perfección en el día. En realidad se trataba de la previsión.
Se suponía que debía hacer los deberes y resumir asignaturas antes de las 16:30, hora a la que terminaría de ver El Caballero Oscuro, y luego visionaría Desde Rusia con amor. El resto, pues hacer cosas por casa y hablar con los amigos.
Lo que no sólo cumplí, si no hice a buena hora fue ver El Caballero Oscuro al levantarme. Después de comer busqué por la web información de la peli y ni hice abdominales ni leches. Lo dicho, días de pereza y de perder el tiempo. El filme no se me hizo largo, supongo que porque siempre que veo películas a cachos (mal asunto, dada la narración frenética de esta) que no son descargadas y con tiempo límite (en estos casos, desde que me levanto hasta que tengo que ir a clase) se me acaban antes de lo previsto. Imaginaos que con una crea que en 3 sesiones, de 06:40 a 07:30, la veo. Estoy exagerando la duración y extremando el tiempo que tengo para verla en un rato pequeño, entre posibles fallos del despertador (míos, realmente) o escenas que tenga que volver a mirar. El tiempo y yo mantenemos una estrecha relación, eso nadie lo niega. Tengo suerte si me acuerdo de lo poco que vi de Desde Rusia con amor. Luego, destacables fueron los intentos de mi compañera de clase Silvia Costilla de que me hiciera un Tuenti (algún día hablaré de mi opinión acerca de estas redes sociales) o las llamadas de Adrián para cosas de Sociales. Con mi primo Pablo también hablé. Según parece, si mi tío está en reposo en verano, mis abuelos lo visitarán en Pontedeume y no podremos ir a Vilanova. Con lo cual mi tía Cristina nos llevaría a Pablo y a mí a Vilanova.
(Inciso: A ver, para que quede claro, no es que mi familia materna y paterna veraneen juntas en Vilanova. Tampoco que al estar una esté la otra. Por lo menos en el caso de estar la de mi padre por estar la de mi madre tendría su lógica, pero no. Tampoco es una casualidad que estén allí las dos por su cuenta. A ver, a ver, a ver, a ver, a ver… ¡es que si existo es porque mis padres se conocieron allí!) (GIRO ARGUMENTAL)
Estaríamos allí 3 semanas de agosto, justo después de mi cumpleaños. Menos mal, que nunca lo celebro aquí en plan invitar a algunos colegas y en Pontevedra lo juntamos con el de mi hermana y casi que montamos una festichola bastante poco usual para un tío de 15 años. Lo bueno es que, al estar tan poco tiempo, podremos aprovecharlo a saco. Lo malo es el resto, carajo, que tengo amigos que sólo van allí en julio y que un mes menos es un mes menos. En mi interior lo prefiero así, y no sabría decir por qué. Estar sin Vilanova es casi tan trágico que estarlo sin Pontedeume (esta diferencia parece ser mayor según pasa el tiempo) Y eso que aquí hago siempre lo mismo y en Vilanova, si me paro a pensar, hago actividades más variadas. Va a ser que sigo a comentar el miércoles que es de estas cosas que es mejor dejar a un lado. Si pienso eso seguro que es porque las dos opciones me son válidas, y me lo paso cojonudo en ambos sitios.
Estuve dándole vueltas parte del día a las películas que me convendría volver a ver. Hay una parte de mí que considera que debería, que no me acuerdo ya de ellas. La otra parte es muy perezosa y orgullosa como para perder el tiempo haciéndolo.
Por casa estaba mi hermano y sus dudas de clase, cómo no. Y al final estaba yo, aburrido y empanado. Se me ocurrió continuar mi historia de diálogos y pasar parte al ordenador, como ya había empezado a hacer. Pero debí de borrar el archivo sin querer, pasando por alto que siempre tuviera la certeza de sospechar que había desaparecido, no sé si inocentemente o no. Si lo borrara, supongo que lo recordaría, mierda. Resultó que, después de tdo, no hice nada. Días de empane, ya lo dije.
Hasta aquí puedo llegar. Seguid sin mí, un saludo.
